Bir Tawil, el territorio africano que no quiere nadie

21 día atrás

Sergi Ramis

12/02/2024 06:46 Actualizado a 12/02/2024 07:06

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Foto La Vanguardia

Prácticamente todos los conflictos bélicos que hay –y ha habido, a lo largo de los siglos– en el mundo son por cuestiones territoriales. Países que discrepan sobre la delimitación de las fronteras con los estados vecinos y que ponen sobre la mesa cuestiones históricas, geográficas, culturales, religiosas… para mantener que una porción de tierra es suya. Sin embargo, en el corazón de África se da el caso único en el mundo de un pequeño territorio que no solo no está en disputa, sino que no lo quiere nadie.

El enclave se denomina Bir Tawil y es –juntamente con la Antártida– el único del planeta que no pertenece formalmente a nadie, es considerado en los tratados internacionales terra nullius. Localizarlo en un buen atlas no es difícil: se halla al sudeste del lago Nasser, en la línea recta que atraviesa la porción más oriental del desierto del Sáhara y que separa Egipto de Sudán. Pero Egipto asegura que ese territorio pertenece a sus vecinos. Y Sudán que no es así sino todo lo contrario, que es de Egipto.

Bir Tawil, en la frontera dentre Egipto y Sudán

Terceros

El “conflicto” se remonta a la división de África por parte de las potencias coloniales. Mientras que El Cairo reconoce las líneas trazadas en 1899 que toman como divisoria el paralelo 22, Sudán se acoge a una modificación realizada con posterioridad, en 1902. No hay truco, ambos países renuncian a esa porción yerma de terreno porque en realidad lo que sí quieren quedarse es el llamado Triángulo de Halaib, un interesante puerto del mar Rojo con reservas de petróleo en el subsuelo. 

Bir Tawil tiene 2.060 kilómetros cuadrados de extensión (un poco mayor que las provincias de Gipuzkoa o Bizkaia), mientras que Halaib es diez veces más grande y se halla a la altura de Jeddah, la segunda ciudad saudí, situada al otro lado del mar Rojo. Nuevamente, consultando un atlas el triángulo de Halaib es fácil de localizar, y en algunos viene señalado como territorio en disputa, mientras que al pobre Bir Tawil no lo quiere nadie.

En 2014, un estadounidense enterado de la situación legal de Bir Tawil, realizó un viaje hasta allí y tomó posesión del terreno

O fue así hasta que a un estadounidense llamado Jeremiah Heaton le dio por “conquistarlo”. En el año 2014, enterado de la curiosa situación legal de Bir Tawil, realizó un viaje hasta allí y tomó posesión del terreno. No como un acto de egoísmo, sino como un regalo para su hija de siete años. De hecho, clavó una bandera azul con una corona dorada y tres estrellas proclamando el reino de Sudán del Norte y a él mismo como rey. Parece ser que la pequeñaja le había dicho a su padre que quería ser princesa. Y el bueno de Jeremiah, ni corto ni perezoso, hizo realidad su sueño. Se desconoce qué debe pensar ahora Emily, ya en plena adolescencia.

Como era de esperar, ni Egipto ni Sudán reaccionaron ante la apropiación. Heaton, hasta que nadie diga lo contrario, es el monarca de Bir Tawil y del pozo de agua que le da nombre. Sin embargo, las Naciones Unidas no han reconocido la toma de posesión del alocado estadounidense.

Para llegar a Bir Tawil hay que alquilar un vehículo todoterreno con un conductor que conozca bien las trampas del desierto. De la presa de Asuán (Egipto) parte una pista que se desdibuja en la arena algunas decenas de kilómetros más al sur, por lo que hay que ser un buen navegante y cargar con todo lo necesario para afrontar la estancia. Desde el lado sudanés tal vez sea más “sencillo”. Se puede volar hasta el aeropuerto de Wadi Halfa y recorrer el tramo que falta, también con un 4x4, dirigiéndose en línea recta hacia la costa del mar Rojo. 

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