Ángel Di María va por la pared que nadie pudo derribar: el hombre ...

2 día atrás
Di maria

Ahora que la Argentina aprendió a quererlo, después del próximo domingo nunca más se lo verá a Ángel Di María en la selección. Resistió cuestionamientos, burlas, lesiones y sesiones de terapia. Hasta que la noche de la redención en Río de Janeiro alumbró al hombre del álbum perfecto. El coleccionista de la Copa América 2021, la Finalissima del 2022, Qatar eterno 2022, el Mundial Sub 20 de Canadá 2007 y los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Un curriculum albiceleste apenas igualado por un tal... Lionel Messi. Extrañarlo será inevitable… cuando todavía queda un acto final. Buscará retirarse campeón, para reírse de todos los demonios. ¿Cuántos se despidieron con un título? Nadie. Ninguno dentro del selecto club de los futbolistas más representativos de la historia de la selección.

Es que la Argentina ha retratado con crueldad el último instante de sus protagonistas principales. Envuelta en su espiral de derrotas, socavó hasta la imagen de sus emblemas. El repaso se vuelve desolador al detenerse en el cierre de cada uno. Daniel Passarella jamás se imaginó que la goleada 7-2 frente a Israel, estación previa a México 86, sería su adiós; Claudio Caniggia recibió una tarjeta roja en el banco de suplentes en Japón 2002; a Jorge Burruchaga, el penal de Andreas Brehme en la final de Italia 90 lo licenció para siempre; Mario Kempes ya no jugó tras la eliminación ante Brasil en España ‘82; a Américo Gallego se le acabó su cuerda tres días antes, en la caída contra Italia; Ubaldo Fillol ya no contó con otra oportunidad luego del agónico 2-2 con la arremetida de Gareca ante Perú, en las eliminatorias del 85; Javier Zanetti se marchó con la eliminación en la Copa América 2011. A Juan Pablo Sorin lo sacaron el arquero Jens Lehmann y los papelitos en los penales del Mundial de Alemania 2006.

Lionel Messi y Ángel Di María, juntos en uno de los últimos entrenamientos de la selección argentinaAníbal Greco / Enviado Especial - LA NACION

Bajo la sombra de una decepción tras otra, la selección presenció la partida de casi todas sus estrellas unidas por la angustia del adiós menos deseado. Juan Sebastián Verón jugó unos últimos minutos decorativos en Sudáfrica 2010; Hernán Crespo nunca más volvió después de un desgarro en la Copa América 2007; Carlos Tevez tampoco regresó tras un 0-0 con Paraguay, en el comienzo de las eliminatorias para Rusia 2018. El ‘Kun’ Agüero, sin saberlo, estuvo más cerca que nadie… Campeón en la Copa América 2021, pero su última intervención fue cuando ingresó en el tiempo adicionado de la victoria ante Ecuador en los cuartos de final. Después, no tuvo acción ni contra Colombia ni frente a Brasil. Un inconveniente coronario, meses después, aceleró el final de su carrera.

Ángel Di María, en acción en el partido entre Argentina y Canadá por las semifinales de la Copa AméricaAníbal Greco / Enviado Especial - LA NACION

Pero la lista de salidas se hace inagotable. Para Diego Simeone fue la caída con Inglaterra en el Mundial 2002; a Oscar Ruggeri lo despidió la derrota por 3-2 con Rumania y la eliminación de la Copa del Mundo de 1994; Roberto Ayala y su gol en contra con Brasil en la final de la Copa América de Venezuela 2007 resultó una lápida; Gabriel Batistuta se marchó con el 1-1 ante Suecia en el Lejano Oriente; Javier Mascherano se sumó al grupo de los desahuciados tras Rusia 2018. Sergio Romero falló en un córner, la Argentina perdió un amistoso con Brasil en 2018 y ya no regresó; Ariel Ortega correteó por un olvidado amistoso contra Haití en Cutral-Có. Y Diego Armando Maradona se marchó de la mano de una enfermera. Vacío, sadismo. Vaya si las despedidas saben causar dolor.

Nadie pudo lucir un cierre exuberante y luminoso en código albiceleste. Un cierre espinoso se convirtió en el destino inexorable. Contra esas señales fatalistas también se plantará Di María, que de ningún modo pondrá en riesgos el Olimpo al que supo escalar. “Prefiero irme cuando me piden que me quede, y no quedarme cuando todos piden que me vaya”. Eso explicó Pelé en 1977, cuando clausuró su carrera en el Cosmos de Nueva York. Di María eligió no escuchar a nadie, ni a los sepultureros ni a los conversos. Solo a su corazón, el único leal en tan largo viaje.

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