Cate Blanchett toma en Tár la batuta del poder

Lydia Tár ha conseguido lo que ninguna mujer antes. Es la primera directora al frente de la Filarmónica de Berlín, antes dirigió The Big Five, las cinco mayores orquestas sinfónicas de Estados Unidos, prepara un libro y está a punto de grabar la Quinta Sinfonía de Mahler. Una mujer impresionante que se ha convertido en el reflejo brutal desde el cine de las peores dinámicas del poder y de la fanática ideología woke. Es el personaje principal de Tár, la nueva película del cineasta norteamericano Todd Field, una de las favoritas en la carrera por el Óscar.

Cate Blanchett, en un trabajo de una energía, una pulcritud y una dureza sorberbias, que ya le han valido el premio a la mejor actriz en Venecia y un Globo de Oro y que auguran un nuevo Óscar, aprendió alemán y a tocar el piano para dar vida a esta mujer, de la que aquí se muestran tres semanas de su vida. Mundialmente famosa, Lydia Tár vive con su pareja, Sharon Goodnow, la concertino de la Filarmónica de Berlín, y con la hija adoptiva de ambas, Petra. Se entrega absolutamente a su trabajo, viaja, dirige conciertos, lidera la Accordion Conducting Fellowship, dedicada a ofrecer oportunidades a jóvenes, y es absolutamente consciente del enorme poder que tiene entre manos.

Tres semanas, narradas en algo más de dos horas y media, sirven a Todd Field para mostrar a su personaje en lo más alto, manejando estratégicamente el poder, y abusando de él para revelar, entonces, cómo todo lo construido a lo largo de una vida de estudios y disciplina puedes desmoronarse. Nina Hoss, Noémie Merlant y Mark Strong acompañan a Blanchett en el reparto.

El sueño se convierte en pesadilla

"Hace mucho tiempo que pienso en un personaje que decidió siendo muy joven cumplir un sueño a través de sus estudios, y una vez conseguido, el sueño se convierte en pesadilla", dice el director en las notas de producción de la película, donde añade: "La vida de Tár estaba dedicada al arte, pero ahora está a la cabeza de una institución que desvela sus debilidades y propensiones, donde impone sus reglas a pesar de que ella misma las infringe sin darse cuenta". Pero tal como dice Janet Malcolm: "Ser consciente de los defectos no los excusa".

Esas "debilidades" del personaje que van provocando su descenso hacia el abismo son, justamente, las que han desencadenado la polémica alrededor de la película. Marin Alsop, primera mujer en dirigir como titular la Sinfónica de Baltimore y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena, ha reaccionado con rotundidad a esta historia. En declaraciones a la revista Variety afirmó que la ofendía "como mujer, como directora y como lesbiana".

Fragmento de la película 'TÁR'

Fragmento de la película 'Tár'. — Universal Pictures

"Hay tantos hombres, hombres reales y documentados, en los que esta película podría haberse basado, pero en cambio, pone a una mujer en el papel y le da todos los atributos de esos hombres. Asumir que las mujeres se comportarán de manera idéntica a los hombres o se volverán histéricas, locas, es perpetuar algo que ya hemos visto en películas tantas veces antes", señaló, antes de concluir: "Tener la oportunidad de interpretar a una mujer en ese papel y convertirla en una abusadora, para mí fue desgarrador. Creo que todas las mujeres y todas las feministas deberían molestarse por ese tipo de representación porque no se trata realmente de mujeres directoras, ¿verdad? Se trata de las mujeres como líderes en nuestra sociedad".

"El poder no tiene género"

Blanchett, por supuesto, contestó a estas afirmaciones y durante una entrevista con la BBC aseveró que "el poder no tiene género. Yo creo que el poder es una fuerza corrupta, sin importar el género de uno. Creo que nos afecta a todos". En su defensa de la película, la actriz afirmó que ésta "no era una película feminista", pero que sí era "muy provocativa, y creará muchas respuestas muy fuertes en la gente. Lo que Todd Field y yo queríamos hacer era crear una conversación animada en torno a ella".

Objetivo que consigue este trabajo tanto alrededor del debate que abrió la directora Marin Alsop, como en torno a la cada día más presente cultura de la cancelación. "¿Qué tal Beethoven? ¿Les gusta? Porque yo, una lesbiana declarada, no simpatizo con el viejo Ludwig. Pero entonces lo confronto y me encuentro de frente con la magnitud de su obra y su inevitabilidad", dice Tár en una clase a sus jóvenes alumnos.

"El problema al declararte un disidente epistémico ultrasónico es que si el talento de Bach puede reducirse a su género, país, religión, sexualidad y demás, el tuyo también", añade. Y la directora termina sentenciado su discurso con los versos que escribió Emily Dickinson -"Un alma elige a su propia sociedad"-, sin saber todavía que tal vez ella misma pueda terminar siendo una artista cancelada.

La quinta sinfonía de Mahler

Todo en Tár, tal y como Blanchett y Field pretendían, conduce al debate, y todos sus argumentos, planteamientos y preguntas se estructuran alrededor de la música elegida para la película. Están en este filme el Concierto para Violonchelo de Elgar; un canto mágico, íkaro, cantado por la chamana Elisa Vargas Fernández; dos piezas de jazz Lil' Darling y Here's That Rainy Day y, por supuesto, la Quinta Sinfonía de Mahler.

Los expertos dicen que la Quinta Sinfonía de Mahler resulta desconcertante en su comienzo, inquietante por el tono de trompeta, por su feroz intensidad y por la acumulación de disonancias. Y es, justamente, en esto último, en su premeditada "no armonía" donde está la clave manifiesta de esta historia.

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